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Marisa Caprile Recuerda el Inicio de los Summer Camps

¿Cómo conociste PSE?

Descubrí PSE en el colegio de mis hijos, por casualidad. En aquella época, Christian y Marie-France de Palliéres iban de tour por todo Francia cada año a recaudar fondos. En 2002, dieron una conferencia en el Colegio Saint-Joseph de Toulouse y una amiga me invitó. Cuando vi la primera película que ellos hicieron, donde aparecen los niños abriendo bolsas de basura en busca de comida, hubo un tipo de explosión en mi corazón y en mi cabeza. No era posible que niños vivieran así . Me conmoví completamente por las imágenes que vi. Entonces, me pregunté a mi misma muchas cosas que desde hace tiempo había pensado. No podía entender como había niños comiendo de la basura cuando nosotros tiramos tantas cosas que pueden ser útiles y compramos tantas que son innecesarias. Me trastornó. Al final de la conferencia, el director de PSE en Toulouse explicó que Christian y Marie-France necesitaban alguien que los ayudara con los niños durante el verano. Se habían dado cuenta que, para ellos, el verano era una pesadilla, sobre todo para las madres. Los niños se iban a casa y no seguían recibiendo el arroz que recibían a cambio de permitir que sus hijos fueran al colegio. Entonces, para ellos las vacaciones eran miserables. Sin dudarlo y de inmediato acepté el reto, y en agosto 2003 el primer campamento comenzó.

 

¿Fue difícil organizar el primer campamento?

Fue relativamente fácil, considerando que era un grupo pequeños, teníamos 250 niños en la mañana y 240 en la tarde. Pero, al mismo tiempo parecía imposible para nosotros. Primero que todo, no sabíamos nada acerca de Camboya. Yo había leído unos pocos libros acerca del Jemer Rojo, pero no sabía nada acerca de la cultural local. Nosotros no teníamos ni idea de donde íbamos y no tuvimos la posibilidad de hacer una misión de exploración antes de que el campamento empezara. El director de PSE en Tolouse me dio dos fotografías pequeñas: una, del y otra del campo de fútbol, para que yo tuviera una idea del espacio que teníamos disponible. ¡Eso fue todo! Dimos un tiro a ciegas.

 

¿Qué tal a nivel práctico?

El primer año reclutamos hablando con los hijos de nuestros amigos y con nuestra familia. Llegué aquí por la gracia de mi esposo y mis hijos. En un punto entré en pánico: en navidad, cuando nos pidieron oficialmente que organizáramos el campamento, quería echarme para atrás. El mes de agosto se acercaba y no teníamos nada preparado, no teníamos dineros, yo no estaba entrenada para hacer esto. Pensé que no podría hacerlo, pero mi esposo, Fernando, y mis hijos fueron increíbles. Ellos me recordaron que durante años siempre quise que saliéramos al mundo y tratáramos de encontrar soluciones a las problemáticas que existen. Ahora que teníamos la oportunidad de hacerlo, no podíamos dejarlo, ¡por supuesto que no! Ellos me dijeron: “Iremos todos juntos, nosotros te ayudaremos, haremos esto como una familia”. Así que llegamos, los cinco, con 19 monitores y un presupuesto de 12 mil euros.

 

¿Y fue un éxito?

Fue un gran descubrimiento. Primero que todo porque el país nos encantó por completo. Nos enamoramos de Camboya y de su gente maravillosa. Los camboyanos nos recibieron amablemente y lo monitores jemeres que tuvimos ese años eran en su mayoría estudiantes de una universidad que apoyaba a PSE. Estaban muy motivados por la acción que realiza PSE y como el campamento era tan pequeños, pudimos la oportunidad de compartir mucho con ellos. Visitamos a sus familias y pasamos días enteros juntos. Llegábamos a lugares donde nunca habían visto personas blancas. Era extremadamente conmovedor y enriquecedor para nosotros y, por supuesto, como siempre he dicho, recimos mucho más de lo que entregamos. Al final, fue mucho más lo tocados y cambiados que quedamos por todo lo que vimos, sentimos y aprendimos, que lo poco que nosotros dimos a cambio. Todo lo que hicimos fue jugar con 250 niños, no fue tan complicado…

 

¿Y este año?

Este año es un reto diferente porque estamos esperando a 185 monitores y confiando en que podemos recibir a 3200 niños todos los días. Al final, con los cambios de las vacaciones de verano que el gobierno impuso este año, todo ha cambiado y tenemos menos niños de lo que habíamos creído. Esperamos que con menos niños podremos realizar actividades más interesantes. Es decir, que sean más educativas y en las que podamos incluir lecciones de higiene, respeto, resolución de conflictos. En otras palabras, cosas que sean más constructivas que jugar.

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