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Paillote 1: Donde Comenzó Todo

En 1994 Chistian y Marie-France des Pallieres encontraron los niños trabajando en el basurero de Steung Mean Chey en Phnom Penh y de inmediato decidieron ayudarlos con un plato de comida al día. Cuando recaudaron los primeros fondos, compraron un terreno cerca del basurero donde podían repartir los alimentos, así establecieron el primer centro de PSE. En aquel momento ellos no se imaginaron la expansión que tendría esa idea inicial. Hoy, 20 años después, ese terreno llamado paillote 1 es uno de los centros de PSE y una de las sedes del summer camp. Aunque el basurero no funciona desde el 2009, todavía existe muchísima pobreza en el área y aún hay niños que trabajan reciclando basura. La paillote resalta entre sus alrededores. Está cubierta por arboles y sus paredes pintadas en los colores del arcoíris. Su estructura ha ido evolucionando con el tiempo, y este año estrena una biblioteca. No hay duda que la paillote es acogedora y para muchos es inspirador estar aquí, el lugar donde comenzó el proyecto PSE como un oasis en el medio del caos del basurero.

 

Marga, coordinadora de Paillote 1 y Almudena, monitora por segunda vez, en los juegos olímpicos.
Marga, coordinadora de Paillote 1 y Almudena, monitora por segunda vez, en las olimpiadas.

Marga, coordinadora de este campamento, reconoce que aunque el botadero ya no funciona sí que hay personas que aún viven sobre los escombros y que se dedican a recoger basura. “No sé con certeza si algunos de los niños que vienen al camp trabajan en el basurero. Pero si es cierto que en esta área hay muchas familias humildes, entonces siempre antes de la comida y durante la siesta alguno de los monitores sale a ver si alguno de los niños del barrio quiere venir a jugar en el camp y a comer. Desafortunadamente un día uno encontró a un niño muy pequeño buscando comida en un bote de basura. Lo trajimos y estuvo un rato con nosotros”.

Para Almudena, es su segundo año como monitora y primera vez en paillote uno. Ella dice que en está segunda ocasión siente que tiene mucho más que ofrecer y disfruta cada momento al máximo. “En el primer año estas muy insegura de todo y no te arriesgas tanto. También, te cansas más rápido y estás pendiente de detalles que luego no importan. Yo me sentía mucho más agotada. Pero, en el segundo año ya vienes preparado, sabes lo que te espera y sabes como tratar a los niños mejor y sin ningún miedo. Igualmente, estas consiente de que te vas a encariñar con ellos y que luego tendrás que irte. Sin duda, ahora veo las cosas mas claras y sé a lo que voy”.

 

 

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