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Creando Esperanza con el “Construction Project”

 

El Construction Project es probablemente el proyecto más emocionante este año en el summer camp. Todo comenzó cuando Leakhana des Pallières, director de Servicios Sociales de PSE, se dio cuenta de que era necesario ayudar a las familias cuyas casas estaban en ruinas y muy deterioradas con materiales y mano de obra para reconstruirlas. Sin embargo, PSE no tenía el presupuesto para hacerlo sin ayuda externa. Servicios Sociales le mostró a Marisa y a Pablo la primera casa que deseaban reparar y ellos decidieron que varios monitores de distintos campamentos que estuvieran interesados, podrían construir las casas y que el presupuesto del campamento cubriría los materiales. Kunthea Chan, una trabajadora social que participa del proyecto, explicó: “La primera casa es el hogar de una familia con 10 niños que estudian en PSE. La madera del suelo se estaba pudriendo porque el techo estaba roto y habían muchas goteras. La semana pasada mi equipo fue al Mercado a comprar los materiales y, después, un grupo de cuatro monitores europeos construyó la casa en cuatro días. Las familias que escogemos son aquellas que viven en las condiciones más difíciles y que están desesperados por recibir ayuda”.

El lunes pasado, después de terminada la primera, se reclutó a un nuevo grupo de monitores para que construyeran una segunda casa para una familia de siete hijos. La madre es recolectora de basura en las calles de Phnom Penh y gana, en promedio, 1500 rieles al día ($0.45 USD). El padre es constructor , ahora en temporada de lluvias su trabajo es muy inestable. Él gana 20 mil rieles ($5 USD) al día. La particularidad del poblado en el que viven es que está construido en tablas de madera entre abiertas colocadas sobre aguas negras donde flota un montón de basura descompuesta. La casa de esta familia se encuentra al final de un callejón de casas de madera. Los pilares que antes sostenían la casa, se estaban desintegrando y provocado que poco a poco la casa se hundiera en las aguas negras. El techo también se estaba viniendo abajo y para la familia era imposible descansar en la noche con la fuerte lluvia. Antonio, jefe de contabilidad y logística del summer camp, visitó el poblado con el equipo de Servicios Sociales para estimar los gastos. La primera casa se construyó con $730 USD la segunda con $545. Chanda Horn, la trabajadora social que acompaña a los constructor todos los días en terreno, recuerda que “Cuando le contamos a la madre de familia que íbamos a construir su casa, se negó a creernos. El lunes, cuando llegamos con el material comenzó a llorar y a abrazarnos. Fue muy conmovedor”.

Pablo y Alejandra, dos monitores del summer camp que han trabajado esta semana en la segunda casa, hablaron acerca de su aventura reconstruyendo la casa con los constructores jemeres. En principio, estaban en shock cuando vieron la casa de 13 metros cuadrados destruida donde habitaba una familia de nueve personas. Desde el primer día comenzaron a trabajar y la madre les compraba botellas de agua de 500 rieles dos veces al día para mostrar su gratitud. Es decir, se gastaba dos días de sueldo en ellos a pesar de que le pedían que no lo hiciera. La construcción de la casa fue muy rápida: el lunes, destruyeron la madera podrida de la antigua casa e instalaron los pilares. El martes, construyeron el suelo; el miércoles, el techo; y el jueves terminaron de instalar laminas de metal en las paredes. Para Alejandra, “lo más maravilloso de construir con estas personas es ser testigo de su talento y lo recursivos que son: si no tienen suficiente material, reciclan la madera de la antigua casa; si hace falta una herramienta, se inventan una con lo que tienen. Son muy ingeniosos. Este tipo de construcción no tiene nada que ver con las clases de arquitectura que he tomado en España. Aquí, con madera, clavos y fuerza humana se puede construir una casa. Estoy infinitamente sorprendida”.

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